La polémica sobre el uso de cuentas falsas y comunidades digitales coordinadas puso bajo escrutinio la estrategia en redes sociales de Abelardo de la Espriella y de otros candidatos presidenciales durante la campaña de 2026.
Una investigación identificó 1.894 cuentas con comportamiento coordinado en apoyo a De la Espriella
La investigación publicada por La Silla Vacía el 30 de mayo de 2026, y actualizada el 10 de junio, identificó 1.894 cuentas con comportamientos coordinados alrededor de Abelardo de la Espriella. El análisis formó parte de un estudio más amplio sobre la actividad digital de tres candidaturas presidenciales.
Según el medio, el estudio general detectó 2.300 cuentas distribuidas en 22 comunidades anómalas que publicaron 11.715 comentarios entre febrero y abril de 2026. Esos mensajes representaron el 12 % de los comentarios analizados en publicaciones relacionadas con los tres candidatos.
Los investigadores encontraron patrones repetitivos, mensajes similares publicados en intervalos cortos y actividad sincronizada. En el grupo asociado digitalmente con De la Espriella, algunas cuentas replicaban consignas de campaña y contenidos de apoyo de manera reiterada.
¿Quién estaría detrás de las cuentas?
Este es uno de los puntos más delicados del caso. La investigación de La Silla Vacía advierte que identificar comportamientos coordinados no permite establecer automáticamente quién administra las cuentas ni demostrar que las órdenes provengan directamente de una campaña. Entre los posibles responsables de estas redes podrían existir contratistas externos, estructuras políticas o usuarios independientes.
Por otra parte, en mayo de 2026, el entonces presidente Gustavo Petro solicitó al Consejo Nacional Electoral (CNE) pronunciarse sobre denuncias de una presunta utilización de granjas de bots extranjeras para influir en algoritmos y sondeos electorales. Las acusaciones fueron difundidas inicialmente por un ciudadano identificado como Miguel Gutiérrez.
La denuncia mencionaba presuntos recursos superiores a los $20.000 millones para operaciones digitales. Sin embargo, esa cifra corresponde a lo afirmado por el denunciante y no debe presentarse como un gasto probado de la campaña.
El problema de fondo – fabricar una percepción de respaldo ciudadano
Las redes de cuentas coordinadas pueden distorsionar la percepción pública cuando hacen parecer que un candidato tiene un respaldo espontáneo mayor al real, o cuando inundan las publicaciones de sus rivales con ataques y mensajes repetidos. Esa es una de las preocupaciones señaladas por los investigadores.
El análisis periodístico también encontró comunidades digitales coordinadas en torno a Paloma Valencia e Iván Cepeda. Por eso, sus resultados no permiten afirmar que estas prácticas fueran exclusivas del entorno de De la Espriella ni atribuirle personalmente la operación sin pruebas adicionales.
¿Terminó la campaña, pero continúa la operación digital?
Aunque la contienda electoral quedó atrás, la discusión sobre las redes de cuentas coordinadas que rodearon la campaña de Abelardo de la Espriella plantea nuevos interrogantes sobre el papel que estas estructuras podrían desempeñar en la conversación política colombiana. La pregunta ahora es si esas redes desaparecieron con el cierre de la campaña o si continúan activas, adaptando sus contenidos para defender la imagen del mandatario, responder a las críticas y promover narrativas favorables a su entorno político.
La preocupación no se limita a la difusión de mensajes de respaldo al presidente. También surge el interrogante de si estas dinámicas digitales podrían extenderse a otras figuras públicas cercanas al poder, incluida la primera dama de Colombia. Sin embargo, establecer que existe una operación coordinada para favorecer su imagen requiere evidencias verificables que permitan identificar las cuentas involucradas, sus patrones de actividad y los posibles vínculos entre quienes las administran.
El asunto merece una investigación rigurosa. Si una red de cuentas coordinadas continúa operando después de las elecciones, sería necesario establecer quién la financia, quién define sus contenidos, si existen contratos con agencias de comunicación digital y si sus actividades se reportan conforme a las normas aplicables. También sería fundamental determinar si se trata de ciudadanos que expresan legítimamente sus opiniones o de una estructura organizada que busca presentar artificialmente una percepción de respaldo ciudadano.
En el escenario digital, la frontera entre la comunicación política legítima y la manipulación de la conversación pública puede volverse difícil de distinguir. La publicación simultánea de mensajes, la repetición sistemática de consignas y la amplificación artificial de contenidos son señales que justifican un análisis técnico, pero no bastan, por sí solas, para demostrar quién está detrás de una operación.
Por eso, el debate ya no debería centrarse únicamente en lo ocurrido durante la campaña presidencial, sino también en la transparencia de la comunicación política después de las elecciones. ¿Siguen activas las cuentas identificadas por los investigadores? ¿Han cambiado sus mensajes para defender al Gobierno y a las personas de su entorno? ¿Existe evidencia que permita vincularlas con una organización o financiación común?
Son preguntas que merecen respuestas sustentadas en pruebas, no en especulaciones. Si se demuestra que una estructura organizada utiliza cuentas falsas para manipular la percepción pública o desacreditar a sus críticos, la ciudadanía tiene derecho a conocer quién está detrás de ella y qué intereses pretende favorecer.
La pregunta que deben responder las autoridades
El caso plantea interrogantes sobre la transparencia de la propaganda política en internet; ¿quién financia estas redes?, ¿se reportaron los gastos correspondientes?, ¿qué relación tienen las cuentas identificadas con las campañas y sus contratistas?, ¿se utilizaron para alterar artificialmente la conversación electoral?
Una investigación oficial debería esclarecer esos puntos mediante información financiera, registros de contratación y datos técnicos de las plataformas.
Existen hallazgos publicados sobre cuentas que mostraron patrones coordinados de apoyo a De la Espriella durante la campaña de 2026. Lo que no queda demostrado únicamente con esos hallazgos es que el hoy presidente haya creado, financiado u ordenado personalmente una granja de bots.
Fuentes consultadas
- La Silla Vacía — Investigación sobre cuentas coordinadas en las campañas presidenciales.
- Radio Nacional de Colombia — Denuncia sobre presunta operación de bots vinculada a la campaña.
- El País — Petición de investigación ante el CNE.
